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En
los años 80 fueron intensamente debatidos los aspectos éticos rela-
cionados con concebir niños en el laboratorio. Para complicar el
panorama, existe aún otro tipo de situación, es la de aquellas
parejas que, económicamente, no pueden afrontar el costo de los
tratamientos aunque los necesitan y desearían hacerlo. Muchos
psiquiatras consideran que cuando una pareja no ha logrado superar
los aspectos inconsientes que subyacen tras la esterilidad orgánica
o sin causa aparente, tienden a experimentar sentimientos de culpa ó
castigo.
Las parejas estériles
experimentan sentimientos de fracaso, mutilación, fallas básicas,
enfermedad.
Para cada ser humano en
particular y para cada pareja en general, un hijo puede representar
diferentes cosas: anhelo de trascender, anhelo de sobrevivir,
expresión de unión con aquella quien se ama, el último y desesperado
intento de sostener un vínculo que se ha destruido, etc., etc., etc.
La esterilidad aparece
asociada con estigmatizantes sentimientos de vergenza, culpa,
inadecuación, fracaso, cualidades negativas, devaluación,
anormalidad, incompletud, etc.
La imposibilidad de
tener un hijo representa, muchas veces, un fracaso fisiológico y
emocional en la que está? incluida la compleja red familiar y social
a la que pertenecen los integrantes de la pareja.
La posibilidad de
procrear, en este contexto, implica mucho más que engendrar un hijo,
socialmente, en el hombre, la ausencia de un hijo estaría vinculada
a impotencia y fallas en la virilidad y, en la mujer, promueve
sentimientos de vacío en un cuerpo vivido como tal.
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